Friday, September 23, 2005

El Tercer Hombre

Seis cosas hacen de esta película un clásico del cine: las buenas actuaciones; la dirección del inglés Carol Reed; la laberíntica fotografía en blanco y negro; el hecho de ser una de las primeras cintas que retratan con ironía la posguerra; la música proveniente de la cítara de Anton Karas y la aparición sardónica de Orson Welles en un portal oscuro. Con los citados elementos, El Tercer Hombre constituye una obra que destaca por su complejidad técnica y argumental. Detrás de la historia de Holly Martins, un escritor fracasado caracterizado por Joseph Cotten, hay una intuición sobre la tímida guerra fría de aquellos años. Los temas de la corrupción, el engaño, la negligencia militar y la migración de extranjeros a una tierra devastada, pero sin leyes, crean un universo fílmico claustrofóbico. La derruida Viena es un reflejo simbólico de la frágil moral ciudadana, en especial la del “tío Sam”. Así, Reed plantea un largometraje discursivo retratado en las sombras de la noche.
Las calles esconden pasadizos y desagües que alguna vez sirvieron a la resistencia austriaca, pero que ahora son utilizados para el engaño y el refugio de pensamientos tan siniestros como el capitalismo y el comunismo. El filme juega con las falsas pistas y construye un rompecabezas similar al planteado en Ciudadano Kane (no es casualidad el personaje de Harry Lime, interpretado por Orson Welles, quien comparte el narcisismo y la búsqueda de poder de Charles Foster Kane). También se retrata la desorientación existencial de un antihéroe (Cotten), quien proyecta el punto de vista irónico sobre la ocupación británica y rusa. Todo se basa en la insinuación, la que a veces resulta ficticia, ya que la imagen juega con la excentricidad de sus protagonistas. Ningún punto de vista es 100% correcto, debido a que el encuadre estructura un mundo distorsionado que va en caída o en alza.
El Tercer Hombre es una farsa, ya que conduce su línea argumental por medio de las equivocaciones. El mundo europeo es siniestro y maligno, siendo la segunda guerra mundial el detonante que lo transforma en una sociedad residual, dispersa y confusa. Hasta los niños resultan ser depredadores en la oscuridad. Martins simboliza el arribo de la cultura estadounidense que viene a apropiarse de códigos intelectuales algo añejos y desfasados de la vida de Europa (ahora sumida en la corrupción).
Carol Reed realizó otras cintas exitosas como ¡Oliver! y La Agonía y el Éxtasis, pero toda su grandiosidad estilística está esquematizada en El Tercer Hombre. La gran cantidad de matices narrativos hacen de esta obra uno de los mejores ejemplos de calidad visual en la historia del cine, aspecto que le otorga vigencia y frescura a un arte, a veces, saturado por los excesos efectistas del cine contemporáneo.
Título: "El Tercer Hombre" (The Third Man) / Año: 1949 / Director: Carol Reed / Intépretes: Joseph Cotten y Orson Welles.
Heridas de Guerra

Una de las primeras películas que mostraron la derrota norteamericana en la guerra de Vietnam fue El Francotirador (The Deer Hunter). En Hollywood daban poco crédito a un joven director, Michael Cimino, quien tenía más experiencia como guionista que como realizador. Sin embargo, el filme, que duraba más de tres horas y en dónde se cuestionaban los discursos patrioteros de antaño, consiguió el aplauso de la crítica y del público. En 1978, año de su estreno, la cinta acumuló varias distinciones (entre ellos el Oscar a la mejor película) y catapultó a la fama a noveles actores como Christopher Walken, John Savage y Meryl Streep.
Las vidas de un grupo de fundidores de acero de Pennsylvania contrastaba con la locura y el caos de la campaña militar estadounidense. Mediante una hábil utilización de las atmósferas, Cimino desarrolló su mejor trabajo, el que se sustentó por la idea de la pérdida y, en cierta medida, de la inocencia. Uno de los aspectos que más resaltan es la actuación reflexiva de Robert De Niro (comparable a la de Erase Una Vez en América, de Sergio Leone), quien representa al líder natural de sus compañeros, pero que al final encarna la difícil readaptación social al volver de la guerra. Se podría decir que El Francotirador es un filme psicológico, que recuerda una década incrédula sobre la política y el poder. Los combatientes, de origen ruso, son absorbidos por los símbolos yanquis, aspecto que al final termina destruyendo sus autoestimas y su pasión por la vida.
El aspecto más interesante es la división argumental de la película. La primera parte introduce al espectador en la fraternal comunidad de los obreros, la que se caracteriza por una jovial e inquebrantable dinámica grupal. No obstante, después de Vietnam sobreviene la precariedad emocional del trío de ex – combatientes, quienes quedarán marcados por la memorable escena de la “ruleta rusa”. De este modo, Cimino construye un relato sólido y sobre todo desgarrador, ya que sus personajes sienten la melancolía por un pasado cercenado por la tortura de la guerra.
El Francotirador es la prueba irrefutable acerca del talento de Cimino, quien nunca pudo recobrarse del desastre financiero de Las Puertas del Cielo (1980). Durante los ochenta y los noventa fue un director irregular, al que se le recuerda más por el fracaso citado que por su calidad autoral. Sin embargo, ningún cinéfilo puede dejar de incorporar El Francotirador a su dvdteca.
Título: "El Francotirador" (The Deer Hunter) / Año: 1978 / Director: Michael Cimino / Intépretes: Robert De Niro, Christopher Walken, Meryl Streep, John Savege y John Cazale.

Sunday, September 18, 2005

Los Lunes al Sol


No hay nada más humillante que aquellos hombres que viven avergonzados, que se sienten pequeños y que miran con recelo su propio destino. El desdén, la incertidumbre y la desidia gobiernan su ya menoscabada dignidad, donde beber un trago simboliza el único instante de redención y felicidad, aunque esta sea a medias. En “Los Lunes al Sol” un grupo de amigos se juntan en un bar a rememorar el pasado. Brindan por los buenos tiempos. Esos días en los que había trabajo y en los que sobraba la esperanza. Sin embargo, la realidad es otra. Ahora son cesantes. Meros fantasmas que recorren las ruinas del astillero donde, en el pasado, se ganaban el respeto de cada día. Pero no sólo son desempleados, sino que también son seres proscritos por la sociedad. Representan a los cuarentones, al filo del medio siglo de vida, casi innecesarios, cuya utilidad declinó bajo las canas y la gordura.
Fernando León Aranda construye un filme reflexivo, a la vez inmensamente destructivo en su franqueza. Destacan los detalles, ya sea en las miradas, en el caminar o en los suspiros de los protagonistas. Estos gestos comunican la desesperación del que ha sido despojado de una parte vital de su amor propio. En “Los Lunes al Sol” la necesidad del trabajo se convierte en el nudo que aprieta, sin clemencia, las voces de hombres moribundos, que prefieren, debido al desgano, acurrucarse en la fría manta del lamento perpetuo. Son sobrevivientes, los que, a duras penas, consiguen mantenerse a flote en algunas ocasiones bajo la sombra de sus mujeres o en el recuerdo de las que ya se fueron. Las vidas detrás de sus arrugados rostros representan la jubilación anticipada, donde el espíritu deja al cuerpo, mientras que éste fija la mirada sonámbula sobre el agua del inexorable mar o de la espuma de la cerveza, en el fondo del vaso.
“Los Lunes al Sol” sobresale por su ritmo pausado, por la locuacidad de los silencios y por los instantes en que Santa (Javier Bardem) junto al resto de sus amigos se reconfortan los unos a los otros, ya sea en el bar de todas las tardes o en la placidez del sol de cada mañana.
Título: "Los Lunes al Sol" / año: 2003 / Director: Fernando León de Aranda / Intérpretes: Javier Bardem, Luis Tosar, José Angel Egido y Nieve de Medina.

Wednesday, September 07, 2005

El Ladrido
de un Perro

“Tarde de Perros” simboliza el último escalafón de la sociedad. Es el mundo de la periferia, cuyos habitantes son seres marginados, los que son desechados e ignorados por el establishment. Hace treinta años, cuando se estrenó este filme, Sydney Lumet abordó el tema del fracaso y lo impregnó del sentido derrotista propio del hombre norteamericano post guerra de Vietnam. Basado en hechos reales, la historia se centra en dos ladrones de bancos, Sonny (Al Pacino) y Sal (John Cazale), quienes son descubiertos por la policía de Nueva York durante un atraco. El motivo del robo está en conseguir dinero para pagar una operación de cambio de sexo para la pareja de Sonny.
“Tarde de Perros” es una de las obras más innovadoras de la década del 70`. La homosexualidad, el derecho de las minorías y la presencia inhumana de los medios de comunicación son algunos de los temas candentes tratados en el transcurso del filme. Lumet logra retratar la controversia, pero lo hace de un modo estilizado, sin pretensiones, donde el ritmo frenético de la cámara, en los primeros minutos de la cinta y que son más cercanos al sentido documentalista de la Nouvelle Vague, contrasta con el sentido intimista y reflexivo de las escenas posteriores. Estamos ante los 15 minutos de fama, de los que hablaba con cierta ironía Andy Warhol, que son extravagantes, irracionales y también humillantes. “Tarde de Perros” es un grito de auxilio, donde la empatía con los de más de abajo es momentánea, para dejarlos finalmente abandonados y solos como un perro callejero, maloliente y feo.
Sonny encarna la desesperanza. Es un “outsider” dentro de una ciudad cosmopolita, que suele encandilar con una libertad demasiado manoseada y mezquina. Su frustrado asalto no es más que el pretexto ideal para divertir a las masas, las que se suman a favor o en contra de sus actos dependiendo de las circunstancias. Al final comprende que lo que parecía un juego es tan sólo una cruda realidad. Otro suceso común y que a la larga será un asunto sin importancia. Apenas el recuerdo de un par de flashes y de algunos minutos en televisión.
El director de “12 Hombres en Pugna” siempre ha tratado el tema de la justicia, la que lucha por salir a flote en un sistema opresor controlado por unos pocos. A diferencia de la paranoia política-conspiradora y repetitiva de Oliver Stone, Sidney Lumet ha sabido acercarse a las dificultades del hombre común, del ciudadano, desde una perspectiva más fidedigna, en la que los poderes fácticos son controlados por autoridades cínicas y distantes.
“Tarde de Perros” es uno de los puntos culmines de su filmografía, a la que siguió otras películas notables como “Network” y “El Veredicto”. También sobresale la actuación de Al Pacino, quien abandona parte de sus coléricos y sobreactuados gritos, para profundizar en una caracterización rica en matices. “Tarde de Perros” es un filme que marcó a una generación de cinéfilos y que nos enseña que la pulcritud narrativa es más efectiva e impresionante que cualquier efectismo del Hollywood actual.
Título: "Tarde de Perros" (Dog Day Afternoon) / Año: 1975 / Director: Sidney Lumet / Intérpretes: Al Pacino, John Cazale, Chris Sarandon y Charles Durning.

Friday, September 02, 2005


La Voracidad
de los Muertos

Cuando se estrenó “La Noche de los Muertos Vivientes” (1968), de George A. Romero, los zombies eran la representación, entre otras cosas, de la incipiente fiebre consumista y del mundo polarizado de la guerra fría. Aquel filme, aparte de sus imágenes viscerales y de su marcado estilo visual vanguardista, significó un estudio sobre la sociabilidad del hombre moderno. Un grupo de personas encerradas en una casa, las que luchaban por sobrevivir contra cientos de zombies hambrientos y desesperados por la carne humana, personificaban, implícitamente, tópicos como el racismo y la política, pero lo más sobresaliente era la utilización del miedo. Romero imprimió temor a su película no sólo hacia sus monstruos, sino a lo desconocido. El dominio de lo incierto, detrás de los límites de lo racional, siempre ha sido el aspecto que ha determinado tanto al hombre de las cavernas como al ciudadano corporativo actual. En “La Noche de los Muertos Vivientes” el origen del virus que consigue “distorsionar” el mundo de los vivos -aunque tampoco se sabe si es una enfermedad- es un pretexto para mostrar la depredación natural entre los hombres, cuya manifestación es la lucha por la sobrevivencia. Esta es una pelea “codo a codo” entre aptos y no aptos.
Con “Tierra de los Muertos”, situada tres años después de “La Noche de los Muertos Vivientes”, Romero agrega un cuarto capítulo a su famosa trilogía sobre zombies (las otras dos eran “El Amanecer de los Muertos Vivientes” de 1978 y “El Día de los Muertos Vivientes” de 1985). Después de varios años de una escasa carrera cinematográfica (quizá su último gran trabajo para la pantalla grande fue “La Mitad Siniestra” de 1993 basada en una novela de Stephen King), el director de la hilarante “Creepshow” vuelve a la pantalla grande con el apoyo de un poderoso estudio (Universal). Este detalle marca una diferencia respecto de sus anteriores filmes. Ahora Romero tiene a su disposición más recursos pirotécnicos y “sabrosas” secuencias de cine gore, pero se echa de menos su valor artesanal y su capacidad trasgresora de antaño. Falta la inquietud y el estado de ansiedad que el director de “Martín” supo provocar en el público de las décadas de los 70´ y de los 80´.
El argumento de la “Tierra de los Muertos” gira en torno a una ciudad sitiada por “muertos vivientes”. Aquí se encuentra lo más interesante del filme, ya que Romero profundiza en la estrecha relación entre los humanos indeseables de la ciudad y los zombies. Ambos grupos sólo desean buscar un lugar donde vivir. La premisa del filme se centra en el concepto de la aceptación, cuya más alta jerarquía en el escalafón social está representado en un edificio, el que cobija a los más privilegiados. Este último “bastión del progreso” subsiste en un mundo apocalíptico amparado en las sombras y en la carroña dejada por un pasado casi olvidado. La torre no es más que la fantasía resplandeciente de una clase selecta que prefiere negar la trágica realidad sobre una tierra poblada por zombies.
Otra “vuelta de tuerca” en el filme es la idea de que los zombies ya no son simples seres torpes en busca de sesos humanos. Los zombies del nuevo milenio pueden pensar. Estos desean ser como eran antes, ya que intuitivamente anhelan la cotidianeidad que conocían cuando vivían. Romero incorpora el concepto de la evolución, pero también se encarga de denunciar la degradación propia de los seres humanos escondida detrás de un edificio-ciudad que se mantiene gracias a las huellas del pasado. Pero a pesar de todas estas reflexiones y dobles lecturas a “Tierra de los Muertos” le falta corazón. Es una buena película clase B, de primera calidad, y que tiene una buena dotación de actores secundarios (Simon Baker, Dennis Hopper y John Leguizamo), pero que sangra más por su espectáculo visual que por la virtud autoral que escenificó Romero, por primera vez y con hábil maestría, a fines de los sesenta.
Título: Tierra de los Muertos (Land of Dead) / Año: 2005 / Director: George A. Romero / Intérpretes: Simon Baker, Dennis Hopper, John Leguizamo y Asia Argento.