Monday, August 30, 2010

John Carpenter`s "THE THING"

No saber quién es el que está a tu lado puede ser el peor de los miedos. El terror toma forma y anida en la interioridad del ser humano. Devora al hombre, lo consume y al final lo destruye. "The Thing" habla de nuestros más profundos temores. Su director, el legendario John Carpenter, retoma la idea de una fuerza desconocida, pero que en esta oportunidad se esconde y ataca desde el interior.

En Hallowen el terreno de la maldad, en este caso de Michael Myers, era un oscuro vecindario. Después vino "The Fog" (La Niebla), donde los habitantes de Bahía Antonio debían enfrentar a una banda de leprosos fantasmas, cuya maldición los confinaba a una espesa y letal neblina. “The Thing” va más lejos, ya que el escenario se reduce a una base de investigación estadounidense en la Antártida. Es aquí, en los gélidos paisajes del Polo Sur, el espacio en que un equipo de científicos deberá preservar los últimos trazos de humanidad contra una fuerza asesina de origen extraterrestre, cuya principal arma es su capacidad para imitar y asimilar cualquier forma de vida, desde un perro hasta un ser humano.

Carpenter siempre ha utilizado en su filmografía al terror como una fuerza indómita, la que determina a todos los personajes de sus filmes, quienes son conducidos por una suerte de fatalismo que dista de finales felices y soluciones redentorias. Además, los protagonistas que populan en la filmografía del director de “Christine” suelen ser antihéroes, herederos del mejor western de Howard Hawks, los que suelen ser cínicos y alejados del gusto masivo del público.

En "The Thing" el rol principal está a cargo de Kurt Russell (actor fetiche de Carpenter), quien interpreta a McReady, un piloto que comparte ciertas cualidades que lo asemejan a los antihéroes de las cintas de John Ford. El mismo Carpenter ha revelado en más de una oportunidad su predilección por los westerns. De esta afición se puede entender la virilidad y aquella sensación de duelo y de confrontación, entre el bien y el mal, al final de cada uno de sus filmes. Pero el mal en el cine carpenteriano suele salir victorioso.

En "The Thing" nunca vemos cuál es la verdadera apariencia de la identidad extraterrestre. Sólo se exhiben trazos que permiten intuir y construir en la mente del espectador el rostro genuino del terror. En dicha característica descansa el ley motiv de la obra de Carpenter, la que se ampara de algunos elementos hitchkoneanos, entre ellos, el principio acción-reacción que logra representarse adecuadamente en las miradas de los protagonistas, que ven como lo desconocido es casi imposible de atrapar. Cualquier persona que se interiorice en este filme se podrá dar cuenta de que el pesimismo marca el ritmo de su historia. A los 20 minutos de “The Thing” se intuye irremediablemente que varias muertes se aproximan y que el destino de la base polar no es otro que su destrucción total. Por ejemplo, la escena final de esta película podría considerarse casi una herejía en el cine de hoy, ya que lamentablemente representa un estilo narrativo actualmente olvidado, pero que para suerte de los cinéfilos fue una característica del cine de los ochenta en cintas como "Videodrome" (de David Cronenberg) y "Blow Up" (de Brian De Palma).

Han pasado 28 años desde el estreno de "The Thing". Corría el año 1982 y los críticos estaban cansados de ver monstruos provenientes del espacio. Quizá de no ser por el espíritu dulzón de cintas como "E.T, El Extraterrestre" (Steven Spielberg), "The Thing" hubiese tenido mejor suerte tanto con la crítica como en la taquilla. Sin embargo, la versión de Carpenter (remake considerablemente superior a la dirigida por Howard Hanks y Christian Nyby) ha recobrado fuerza con los años. Hoy se empina como una obra vigente y de culto, y los mismos críticos que la despreciaron en su tiempo ahora la defienden como una de las mejores películas de ciencia ficción que se han realizado. Mención aparte merece el impresionante trabajo de maquillaje a cargo de Rob Bottin (“The Howling”).

Vale más que la pena repasar "The Thing", lo que permite comprobar el talento de Carpenter, quien es considerado un cineasta autor dentro de los circuitos de cinefilia europeos, sobre todo en el de Francia. Por suerte, su talento aún es reconocido y apreciado en algunos lugares del mundo. Ojo que este año Carpenter estrenará “The Ward”, su primer largometraje en más de nueve años.

Título: "The Thing" (El Enigma de otro Mundo) / Director: John Carpenter / Año: 1982 / Fotografía: Dean Cundey / Música: Ennio Morricone / Intépretes: Kurt Russell, Wilford Brimley, Keith David y Donald Moffat.

Sunday, August 22, 2010

Silent Running: ecología en el espacio

Se imaginan un cruce entre el género de ciencia ficción y la idealización de la vida hippie. Douglas Trumbull lo hizo posible al debutar como director en 1971 con el filme “Silent Running”, la odisea espacial de Freeman Lowell (un más que notable Bruce Dern) para salvar los últimos bosques y especímenes botánicos de la era del hombre.

Douglas Trumbull se hizo famoso al liderar los efectos especiales de “2001: Odisea en el Espacio”. Stanley Kubrick fue el genio detrás de este filme fundacional, si bien los efectos ideados por Trumball aportaron una maduración nunca antes vista en el género de ciencia ficción, alejándolo de los pastiches audiovisuales, algunos casi caricaturescos, de los años 50`.

Pero el realizador de “Brainstorm” también tenía cosas que contar en el espacio. Los inicios de los 70` se situaban como el surgimiento de una nueva generación de espectadores ensimismados en la vorágine pacifista de Woodstock. La Universal Pictures se dio cuenta de dicha realidad con el éxito inesperado de “Easy Rider”, lo que demostraba el cambio radical en los gustos de jóvenes que iban a los autocinemas. Para ello, el estudio decidió dar luz verde a cinco proyectos que no superasen el millón de dólares y que fuesen dirigidos por cineastas noveles, quienes tenían derecho sobre el corte final de sus obras. Era el salto que Trumbull estaba esperando y así nació “Silent Running, en cuyos créditos estaba un joven Michael Cimino como guionista (el realizador de “The Deer Hunter”).

“Silent Running” es una película atípica. La odisea de su protagonista comienza cuando se transforma en un criminal, debido a su enceguecida obsesión por la preservación de la naturaleza. Actúa según un objetivo superior a toda norma moral, si bien el aislamiento propio de un ambiente como el espacio, y que en el filme se podría asemejar a un antagonista, demuestra la facilidad que tenemos al convertirnos en prisioneros de nuestros actos. La única compañía de Freeman en este viaje de autoconocimiento, redención y contemplación son dos androides, los que a nivel metafórico se convierten en los custodios del último edén del ser humano.

Douglas Trumball demostró tener habilidad para equilibrar la técnica con los símbolos y segundas lecturas del primer relato ecologista del espacio. En muchos sentidos esta película se adelantó a varios de los temas que populan en la cinematografía actual: la destrucción de la naturaleza y la deshumanización y sedentarismo del hombre contemporáneo. Esta es una película valiente en todo sentido, que se la jugó al incorporar la música folk de Joan Baez en su soundtrack y que tuvo el mérito de haber cambiado el tópico de la exploración de nuevos mundos por la introspección del ser humano en el espacio.

“Silent Running” es un filme entrañable que nos recuerda el amor, y a veces locura, que todos hemos sentido hacia una pasión. La mayoría de las historias de ciencia ficción que transcurren en el espacio suelen ser demasiado técnicas y usualmente se amparan en la capacidad para asombrar a los espectadores a través de eventos extraordinarios. Douglas Trumbull utilizó todos sus conocimientos en efectos especiales en su primera película, pero fue más astuto al recordar que una buena historia es más importante, aunque ésta suceda en la tierra o en nuestra galaxia.

Título: Silent Running / Director: Douglas Trumbull / Año: 1971 / Intérpretes: Bruce Dern, Cliff Potts, Ron Rifkin y Jesse Vint.

Monday, August 16, 2010

“El Origen” de un autor

En EE.UU. catalogaron el último trabajo de Christopher Nolan como “un milagro” y en Chile algunos críticos dijeron que era una película demasiado pretenciosa. Después de casi tres horas en el cine creo que “El Origen” no es ni uno ni lo otro.

Hablar de un milagro es un calificativo demasiado grande aún para esta película que tiene secuencias de acción y efectos especiales increíbles, en particular algunas escenas que suceden en ambientes sin gravedad. Sin embargo, sus trucos visuales no son más que el resultado de los últimos avances en materia de efectos por computadoras (CGI). Es verdad que estamos entre un antes y un después en materia de efectos audiovisuales, pero desde los tiempos de “The Matrix” y de “Jurassic Park” que este ámbito del cine ha demostrado su enorme capacidad. Probablemente la última “revolución” del cine digital vino de la mano de James Cameron con aquel cruce maquillado entre “Pocahontas” y “Danza con Lobos” que fue “Avatar”, ya que por primera vez la industria cinematográfica consiguió la digitalización de gestos y actitudes humanas en forma natural y creíble.

Lo que es milagroso en “El Origen” es que es un filme para las masas, pero con una buena historia. La idea de que un grupo de espías pueda explorar el subconsciente de cualquier individuo para introducir una idea o robar secretos corporativos no es algo totalmente desconocido para la cinematografía, pero el mérito está en que dicha historia logra prevalecer sobre la media porque es una película que deja entrever la visión de un autor. Christopher Nolan ha logrado burlar los caprichos de los productores de grandes estudios al conservar su estilo y las principales motivaciones que se encuentran en su filmografía: protagonistas que buscan la redención, los temores al lidiar con ciertos talentos y la utilización de vuelcos narrativos superiores a los utilizados por el fraudulento M. Night Shyamalan ("La Aldea", "La Dama del Agua").

En otro ámbito, decir que “El Origen” es una obra pretenciosa puede sonar antojadizo. Poner en marcha un filme requiere de un enorme esfuerzo, más aún si se trata de un blockbuster con cabeza. A Nolan le ha costado su prestigio y sitial en Hollywood. Tampoco hay que olvidar que fue muy astuto al aceptar liderar las sagas de Batman, lo que le ha permitido interiorizarse con mayor libertad en otros proyectos. Además, y guardando las proporciones, ¿acaso Stanley Kubrick, cuando estrenó “2001: Odisea en el Espacio”, no podría haber sido considerado como un cineasta pretencioso al rodar un filme de semejante magnitud e impacto?

“El Origen” demuestra que Leonardo DiCaprio es un excelente actor que fue capaz de vencer la sombra de “Titanic” hace mucho tiempo. Con poco esfuerzo logra transmitir paranoia y desesperación, sentimientos que antes profundizó en la excelente "La Isla Siniestra" de Scorsese. Además, una destacable anécdota de "El origen" es que resucita a Tom Berenger (“Pelotón”), quien en la última década se había perdido en cintas mediocres (algo similar hizo Nolan con Rutger Hauer y Eric Roberts en las dos partes de Batman).

Sin duda que vale la pena ver esta película, cuya trama puede parecer a ratos un poco confusa, pero que finalmente plantea temas que hoy son del interés de la comunidad científica mundial. Es probable que Christopher Nolan nos vuelva a sorprender en el futuro con nuevos relatos, además de seguir superándose a sí mismo. Dichas expectativas, sin duda, serán muy altas con la tercera parte de Batman, pero más difícil de enfrentar será su habilidad para mantenerse fiel a su visión como director, sobre todo en una industria cada vez más impersonal y efímera. “La vida es sueño” dijo Pedro Calderón de la Barca. Quizá Christopher Nolan piense lo mismo.

Título: “El Origen” (Inception) / Director: Christopher Nolan / Año: 2010 / Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Cillian Murphy, Ellen Page, Tom Hardy, Marion Cotillard, Ken Watanabe, Michael Caine y Tom Berenger.

Monday, August 09, 2010

El Escritor OcultoRoman Polanski demuestra una vez más su tremenda vitalidad detrás de cámaras al orquestar probablemente uno de los mejores thrillers de la última década. Con “El Escritor Oculto” le devuelve credibilidad a este género, el cual ha sido sobrexplotado en los últimos años a través de historias insulsas y personajes que limitan en lo caricaturesco. Polanski hace todo lo contrario, debido a que aporta frescura a un relato cargado de citas hitchckoneanas, donde el centro de la acción es un escritor por encargo.

“El Escritor Oculto” se vale de un ambiente minimalista, casi desolador, en donde un escritor fantasma (Ewan McGregor) acepta el desafío de reescribir las memorias de Adam Lang (Pierce Brosnan), un ex primer ministro británico envuelto en escándalos de abuso de poder. Con mucha facilidad el espectador podrá encontrar algunas similitudes con la vida del ex primer ministro británico, Tony Blair, pero la capacidad de Polanski como director logra superar dicha anécdota al convertir el filme en un ejercicio visual que podría ser considerado el sucesor de
“Búsqueda Frenética” (1988).

Basada en la novela homónima de Robert Harris,”El Escritor Oculto” se nutre de todas las características del cine polanskiano: juegos de identidades, escenarios aislados azotados por inclemencias meteorológicas, personajes atrapados en sus obsesiones, relatos góticos, la pérdida del poder y finales funestos. Polanski ha insistido con estas temáticas en cada uno de sus filmes y eso se debe en parte a la difícil vida del director, quien ha tenido que enfrentar muchos episodios tortuosos, entre ellos, la muerte de familiares en un campo de concentración alemán y, sobre todo, el despiadado asesinato de su esposa Sharon Tate a manos del clan Manson en 1969. Todas estas experiencias han hecho de la obra de este cineasta polaco un espacio para la perversión y también para algunos de los rasgos más despreciables del existencialismo humano.

La historia de “El Escritor Oculto” tiene muchas cualidades, entre ellas, la capacidad de sostener el suspenso a través de la insinuación. La cámara se instala sobre las miradas cómplices y sospechosas de sus protagonistas, cuya opresión no sólo proviene de sus propias mentiras, sino también por el uso del espacio físico como elemento representativo de la psiquis de hombres y mujeres que viven en completo aislamiento. La casa de Lang en la playa actúa como una extensión de su mente, cuyas habitaciones y ambientes son utilizados metafóricamente en relación a los secretos del ex ministro, de su esposa y de sus asistentes. Es una edificación fortificada, cuya vulnerabilidad es descubierta por un escritor fantasma. McGregor se asemeja a un investigador privado que poco a poco profundiza en vidas paralelas, algo que también hicieron en el pasado los personajes de Jack Gittes en
“Chinatown” y Dean Corso en “La Novena Puerta”.

Aunque “El Escritor Oculto” se presenta como un entretenido thriller estamos ante una obra muy personal, ya que su historia tiene muchos significados que surgen de la propia vida de Polanski. Adam Lang es un fugitivo de la justicia y hasta cierto punto un expatriado. En comparación, tenemos al director de “Tess”, quien hasta el día de hoy no puede pisar suelo estadounidense a causa de los bullados problemas legales que lo han acosado durante toda su vida, y que lamentablemente lo han obligado a tener una filmografía accidentada.

Los detractores de Roman Polanski lo consideran un cineasta megalómano y violento, a la vez que sus seguidores lo veneran como uno de los máximos exponentes del cine europeo. Ambas posiciones pueden ser ciertas, pero a pesar de que sea buscado o deseado, Polanski demuestra en cada trabajo que su intuición y estética fílmica está en excelente forma.

“El Escritor Oculto” es uno de los grandes estrenos de este año, que nos recuerda que el suspenso aún puede ser tratado de manera elegante y con estilo, y sin la necesidad de recurrir a obviedades. Ojo con la destacable participación de Kim Cattrall, quien demuestra que es mucho más que Sex and the City, y con la breve aparición del legendario Elie Wallach (El Bueno, El Malo y El Feo).

Título: The Ghost Writer / Director: Roman Polanski / Año: 2010 / Intérpretes: Ewan McGregor, Pierce Brosnan, Olivia Williams, Kim Cattrall, Tom Wilkinson, Timothy Hutton, James Belushi, Robert Pugh y Elie Wallach.

Otras películas de Roman Polanski en CineAdicto:
Oliver Twist

Saturday, August 07, 2010

Get Carter

Michael Caine es uno de los pocos actores que se puede jactar de una carrera cinematográfica que integra lo mejor del cine comercial y de las obras de autor. Lo anterior se debe a que el protagonista de “Educando a Rita” siempre consigue imponerse en la pantalla gracias a su versatilidad interpretativa, la que le permite desempeñarse con facilidad tanto en comedias como en dramas. Su registro como actor lo hemos presenciado en casi todos los géneros y en caracterizaciones tan sutiles como violentas. Caine tiene un don interpretativo que no es casual porque desde su salto a la fama en el filme “Zulú” (1964) que ha estrenado una o más películas al año. En dicha cinta sobre una malograda división de soldados británicos en África, Caine no sólo sorprendió con la caracterización de un arrogante capitán inglés, sino que además opacó al protagonista y productor, Stanley Baker.

Cuando Caine irrumpió en la escena fílmica londinense de mediados de los 60` renovó en parte la camada de actores ingleses formados bajo el alero del teatro shakesperiano. A pesar de que la calidad de los Burton, Mason, Andrews y Olivier se mantenía intacta era necesario sumar actores jóvenes que pudiesen ser identificados con las nuevas modas e ideologías de tiempos más contestatarios. Así, junto a David Hemmings, Peter O`Toole y Sean Connery, entre otros, Caine encontró su nicho junto a directores que tenían nuevas ideas para la industria cinematográfica local.

Uno de los cineastas que contribuyó a la fama de Caine fue Mike Hodges con su primera película como director: “Get Carter” (1971). Hasta ese momento, Caine era conocido por “Alfie”, “The Italian Job” y por Harry Palmer, aquel agente secreto icono de la Guerra Fría y que, en cierta medida, era una variación más seria de James Bond.

Si EE.UU. tuvo a Harry Callahan en “Dirty Harry”, el Reino Unido recibió con los abrazos abiertos a Jack Carter (“Get Carter”). Ambos eran sujetos cínicos y de acción, que imponían sus reglas y actuaban por sobre el sistema. Sin embargo, el primero era un hombre de ley en contraposición a Carter, quien provenía de los bajos fondos de la mafia de Newscastle. Así, “Get Carter” se formó bajo el concepto del antihéroe e incluso fue un poco más lejos al incluir en su historia algunos guiños a la violencia sexual y voyeurismo del cine exploitation.

“Get Carter” es la historia de un hombre que retorna a su ciudad natal con el fin de cobrar venganza contra los responsables de la muerte de su hermano. A lo largo del relato, Hodges deslumbra por el uso de cámara, sobre todo en la utilización del montaje. Es un filme atrevido en donde Caine destaca por su parsimonia. Se mueve con naturalidad y seguridad en calles estrechas y sucias, pero siempre vestido de impecable traje y corbata. Jack Carter es un tipo que no duda en arrojar a un tipo de un edificio o al eliminar con absoluta frialdad a prostitutas. Estamos ante un sujeto peligroso, pero que a pesar de todas sus faltas logra captar la empatía del espectador. Se ampara en códigos amorales totalmente irrestrictos, los que finalmente lo llevan a la redención final de su carrera como criminal.

En “Get Carter” no hay finales felices, lo que se anticipa a través del sonido del viento en varias escenas y en el score de Roy Budd. Dichos recursos dotan al filme de un cierto ambiente nostálgico, de tiempos que fueron y que llegan a su fin en la vida de un gángster, pero que en la piel de Caine, a pesar de su arrogancia y violencia, también da espacio para algunos breves momentos de humanidad. Sin duda que esta película es una pieza fundacional del nuevo cine inglés de los 70’, donde las calles y el cielo se ven más grises que nunca. Un filme imperdible sobre la mafia inglesa y que fue anterior a las historias sobre gángsters italo americanos filmadas por Scorsese, lo que es un antecedente no menor.

Título: Get Carter / Director: Mike Hodges / Año: 1971 / Intérpretes: Michael Caine, Ian Hendry, John Osborne y Britt Ekland.