Saturday, August 26, 2006

“La Dama en el Agua”

La última incursión cinematográfica de M. Night Shyamalan desenmascara los clichés redundantes del director de “El Sexto Sentido”: temas sacados de la cultura popular, lo sobrenatural, finales sorpresivos y el suspenso melodramático. Alguna vez compararon al realizador hindú con Hitchcock, lo cual de por si es una herejía. Ambos son totalmente distintos en sus planteamientos y lenguaje audiovisual. Poco o nada tienen en común. Shyamalan montó en imágenes una historia que solía contar a sus hijas, lo que demuestra la soberbia y poder que puede alcanzar un cineasta, sobre todo cuando el argumento es malo (situación detectada a tiempo por sus ex-amigos de los estudios Disney). “La Dama en el Agua” se centra en una misteriosa mujer (Bryce Dallas Howard), proveniente de un mundo acuático olvidado por los hombres, la que es descubierta por un tartamudo conserje (Paul Giamatti) de un edificio llamado “The Cove”.
El filme es extremadamente tedioso y rebuscado en sus diálogos. Termina por agotar en su cursilería. Además, el mensaje mesiánico repite problemáticas que Shyamalan planteó con mejor suerte en el pasado. Cuando vi el filme no pude dejar de pensar en que estaba frente a un rebuscado enigma, donde la gracia está en descubrir identidades. Tampoco dejé pasar por alto la pobre actuación del mismo director, que ésta vez se apropió de un rol más sustancioso (no en la profundidad de la caracterización, sino en su plana expresividad).
Una vez visto el filme lo pude asociar a un reportaje sobre la cinta previa de Shyamalan, “La Aldea” (2004). En aquella oportunidad condujeron a un periodista a entrevistar al realizador, pero antes había que cumplir con una serie de normas: no mirarlo mucho a los ojos, evitar determinadas preguntas, que podían revelar las debilidades del guión, y mucho respeto de por medio. Ahí me quedó claro que al creador de “Señales” y “El Protegido” -quizá sus mejores cintas- se le subieron los humos a la cabeza. Su imagen de director oscarizado, junto con la reputación de genio que los medios sobredimensionaron por años, se fue deteriorando con sus últimos filmes, siendo “La Dama en el Agua” el ejemplo más claro de ello.
Shyamalan era un joven que soñaba con llevar sus epopeyas al cine y lo consiguió, si bien no ha demostrado el talento, la humildad y reserva de los grandes directores de antaño. “La Dama en el Agua” es la prueba de su testarudez. Lo único rescatable del filme es un crítico de cine caracterizado por Bob Balaban. Las mejores líneas del guión salen de su boca, si bien no son suficientes para salvar a una de las peores películas del 2006.
Título Original: Lady in the Water / Director: M. Night Shyamalan / Año: 2006 / Intérpretes: Bryce Dallas Howard, Paul Giamatti, Bob Balaban y Jeffrey Wright.



Thursday, August 17, 2006

“El Descenso”

Esta película que llega con algo de retraso a Chile utiliza varios clichés de las cintas de terror. Están los sobresaltos que toman por desprevenido a la platea -quizá el recurso más efectista de este género, si bien siempre resulta-, los innumerables gritos, encuadres angulados y recursos narrativos algo torpes, pero que igual logran justificar el hecho de adentrarse en medio de la nada.
La trama se centra en un grupo de amigas que viajan al bosque para sumergirse en las cavernas dentro de una montaña. El objetivo es explorar laberintos de piedra hacia abajo, en dirección a lo más profundo de la tierra, y de paso olvidar un traumático accidente de tránsito que acabo con la vida del marido e hija de la protagonista (Shauna Macdonald).
Lo que resulta obvio y a ratos previsible termina por convertirse en una grata sorpresa: un filme que se sustenta por algunas vueltas de tuerca al género de terror. El aspecto más interesante está en el preámbulo del viaje, cuando las amigas se dedican a conversar sobre sus vidas, a la vez que derrochan feminismo, ego y mucha competitividad, sobre todo en la caracterización de Natalie Mendoza (Juno). El cineasta Neil Marshall (“Perros Soldados”) ensambla una película comandada por mujeres, lo que de por sí es bastante atractivo. La ambientación del filme proporciona naturalidad, cuya fuerza también se ampara en algunas escenas que rememoran a uno de los hits de los años 90`: “The Blair Witch Project”.
Las excursionistas asumen los riesgos, son exigentes y saben que en el deporte aventura siempre está el desafío, pero en este caso es doble, debido a un asunto de género. Sin embargo, la paridad queda sujeta a lo que hay debajo de las cavernas, lo que se convierte en lo más inquietante de los 99 minutos de metraje. “El Descenso” es más explícito que “The Blair Wich Project”. No duda en mostrar más, pero lo que se logra ver da cabida a otros miedos...la posibilidad de que algo así pueda pasar, existir y respirar debajo de nuestros dominios.
A diferencia de películas como “Terror en Silent Hill”, que más que nada era una pretenciosa puesta en escena con muy poco miedo de verdad, “El Descenso” deja de lado tanta “cháchara” y privilegia la angustia. Marshall ocupa elementos que siempre han atemorizado al hombre: lo desconocido, el aislamiento y la oscuridad. Dicha característica hace de esta cinta una pequeña obra, que tanto con sus aciertos como con sus equivocaciones, podría llegar a ser las primeras luces de un prometedor cineasta dedicado al género del Horror.
Título original: El Descenso (“The Descent”) / Año: 2005 / Director: Neil Marshall / Intérpretes: Shauna Macdonald, Natalie Jackson Mendoza, Alex Reid, Saskia Mulder, MyAnna Buring y Nora-Jane Noone.

Tuesday, August 15, 2006

LA COBARDÍA EN
TIEMPOS DE GUERRA

En las películas de guerra estadounidenses usualmente se privilegian dos temas: el patriotismo y el heroísmo. La consigna está en ir feliz a la guerra, porque el sudor y la sangre, y las “acciones que enaltecen la bandera”, sobredimensionadas por palabras que evocan grandes ideales, son suficientes para justificar la matanza de cualquier tipo de inocencia. Sin embargo, pocos cineastas se atrevieron a escudriñar en la disciplina y los vicios de la jerarquía militar. Este punto se puede ver ejemplificado en dos excelentes filmes que son parte de la década del 50`: “Ataque” (1956) de Robert Aldrich y “Senderos de Gloria” (1957) de Stanley Kubrick. Ambas películas fueron la respuesta ante temáticas que hasta ese momento cabían sólo dentro de lo “políticamente correcto” y que habían agotado los recursos estilísticos del cine bélico. Aldrich y Kubrick aportaron originalidad y frescura a uno de los géneros más productivos de aquellos años.
“Ataque” es la historia de un pelotón comandado por un capitán (Eddie Albert), cuya alta condición social lo condujo a un puesto no deseado y odiado. Estamos ante un relato sobre la cobardía encarnada en la figura del supuesto líder, quien sólo conduce a sus hombres a la muerte, debido a su cobardía y traumas de la infancia. El único soldado capaz de hablar por los caídos es el teniente Joe Costa (Jack Palance en uno de sus mejores papeles), quien presencia el miedo en los ojos y en la verborrea vacía de su capitán. Aldrich, realizador de grandes películas de acción (“El Vuelo del Fénix”) y dramas protagonizados por estrellas que intimidarían a cualquier director novato (Bette Davis y Joan Crawfort en “¿Qué pasó con Baby Jane?”) establece el conflicto en los primeros minutos del filme. La primera escena muestra la negativa del capitán para salvar a sus hombres, quienes perecen ante un nido de ametralladoras alemanas. La caída de un casco, de uno de los maltrechos soldados, se desliza por un sendero, mientras el teniente Costa toma conciencia de la deslealtad de parte del oficial al mando.
Este es el punto de partida para que Aldrich dedique gran parte de la cinta a la moralidad de sus personajes. Además de Albert y Costa está el coronel trepador (Lee Marvin) que sólo desea capturar lugares estratégicos, sin tomar en cuenta la pérdida de vidas humanas o la irracionalidad de determinadas acciones. El filme se adentra en las situaciones que alientan a los soldados a cuestionar a sus superiores y en cómo la tensión origina enemigos entre los que pertenecen al mismo bando. Así, el filme gana fuerza acercándose a un impensado final, para el año de su estreno, pero que logra reivindicar el valor de los muertos en el campo de batalla. Aldrich nos demuestra que el honor se mancha con sangre y la justicia, si bien yace en un acto cercano al sacrificio, también suele dejar dudas en el camino.
“Ataque” se situaba en plena Segunda Guerra Mundial. En cambio, Kubrick decidió colocar su relato en la lucha de trincheras de la Primera Guerra Mundial. “Senderos de Gloria” contiene parte de las obsesiones del director de “El Resplandor”: los escalafones sociales, en este caso dentro del ejército, la locura detrás de los comportamientos tenaces del hombre y el lenguaje cinematográfico ejemplificado en la utilización geométrica y purista de los espacios. Kubrick muestra como tres soldados son enjuiciados y ejecutados injustamente por el ejército. Representan a los “chivos expiatorios” de una cúpula militar ensimismada con el poder. La bestialidad de los cuarteles, adornados de solemnidad, no es más que la ausencia de la compasión vista desde la perspectiva fría y calculadora de elementos de guerra fallecidos en acción. En esta película hay escenas memorables como la del traveling que sigue al coronel Dax (Kirk Douglas), el único oficial leal a sus hombres, en su paso por las trincheras o la de los soldados abriéndose paso por la “tierra de nadie” en dirección a las posiciones enemigas.
“Senderos de Gloria” dejó tan mal parada a la milicia francesa, lo cual provocó que el filme fuera prohibido en Francia durante varios años. En ello jugó un papel clave las descarnadas caracterizaciones de George Macready y Adolphe Menjou como unos descorazonados generales que no dudan en mandar a sus tropas a una muerte segura. Kubrick, quien ya había filmado “Casta de Malditos”, brilló aún más con esta gran obra, cuyas ideas volvió a profundizar décadas más tarde con “Nacido para Matar”. “Ataque” y “Senderos de Gloria” son dos estupendos filmes que en los atribulados y conflictivos tiempos de hoy cobran mucho significado. Vale la pena revisarlos tanto por su mensaje como por su astuto lenguaje audiovisual. ¡Imperdible en cualquier dvdteca!