“ILUMINADOS POR EL FUEGO”

Argentina ha sufrido muchos golpes durante su historia y uno de los más dolorosos fue La Guerra de las Malvinas. La derrota ante los ingleses en 1982 colinda con los recuerdos más sensibles de los trasandinos, quienes han preferido por años obviar el tema. “Iluminados por el Fuego”, cinta de Tristán Bauer basada en hechos reales y ganadora del premio Goya a la mejor película en 2005, pretende romper el silencio y lo consigue, si bien el resultado satisface a medias.
La industria del cine suele representar periodos históricos con sus particulares personajes. La mezcla entre cinematografía, biografía e historia puede llegar a ser un gran éxito. Sin embargo, debemos tener en cuenta que son pocas las cintas que hacen justicia al pasado, que lo dignifican de verdad y que se enmarcan dentro de un buen guión carente de incoherencias. “Iluminados por el Fuego” cumple la primera regla, debido a su acuciosa descripción, con lujo de detalles, acerca de la experiencia militar de los jóvenes argentinos que combatieron en Malvinas. Bauer, quien utiliza su experiencia en el género
documental, pone en marcha escenas que no tienen nada que envidiar a las batallas de superproducciones estadounidenses. El frío se ve real al igual que la sensación de desamparo de los militares bajo el mando de Galtieri. Sobresalen los momentos en que se exhiben los malos tratos a soldados de parte de los oficiales y se retrata con eficiencia la precariedad anímica y material del ejército argentino, lo que ayuda a entender la derrota, la vergüenza y las ganas de olvidar el pasado.El problema de “Iluminados por el Fuego” esta en que repite un tipo de narración recurrente en filmes que se basan en hechos reales: la utilización excesiva de flashbacks y racontos. Todo parte con Esteban Leguizamón (Gastón Pauls), quien se entera que su ex-compañero de lucha está a punto de morir, debido a un intento de suicidio. Esta premisa se convierte en el paso inicial, y necesario, para recordar. En este terreno aventurado vuelven a surgir las dudas, la rabia y la tristeza, cuyo desenlace es idéntico a muchos otros que han poblado el cine de los últimos veinte años. Además, cuesta encontrar, para los ojos foráneos ajenos a la vida en Argentina, momentos de genuina empatía. Pauls, quien tiene a su favor el poder lucir como un joven de 18 años o un hombre de más de cuarenta, se esfuerza en su rol, si bien no da con el registro adecuado al ser el protagonista de un filme épico.
Las escenas en que observa a su amigo conectado a un respirador artificial son forzadas, siendo éstas lo más interesante de la película, ya que el drama no está en la sangre o en las explosiones, sino en los traumas de miles de soldados que continúan suicidándose y que lamentablemente aún son vistos como parias por sus compatriotas.Bauer prefirió privilegiar el espectáculo visual antes que lo intimista, dejando de lado elementos que podrían haber sido más sublimes, más reales y más dignificantes para aquellos que continúan en el silencio. Filme interesante que nos reencuentra con el pasado, pero que apenas es una pequeña parte del traumático legado de lo que pasó en las inhóspitas tierras de Malvinas.


