Wednesday, November 24, 2010

“Los mejores años de nuestra vida”

Conmover a través de un filme es un arte, más aún cuando éste tiene la capacidad de integrar de manera efectiva imagen con narración cinematográfica. Desde que existe el cine los espectadores han visto muchas escenas de profunda tristeza y nostalgia, si bien la mayoría de ellas suelen ser demasiado edulcoradas y comunes. Es verdad que hay gente que es más propensa a emocionarse frente a una película y otras que son más reticentes a la lágrima fácil, pero finalmente la capacidad para producir una respuesta afectiva en los espectadores es un don que pocos cineastas han podido desarrollar con elegancia y estilo.

William Wyler, director que aún hoy genera debates sobre su legado fílmico y, en especial, en su categoría de realizador autor, fue uno de los cineastas que tuvo la virtud de “tocar la tecla” exacta en la emotividad del público. Además, al igual que Kubrick, se desempeñó en casi todos los géneros cinematográficos y a través de algunas de sus películas impuso un estilo propio que hoy es objeto de estudio para críticos y cinéfilos.

En esta oportunidad hablaré sobre uno de los filmes fundacionales de Wyler: “Los mejores años de nuestra vida” (1946), una de las primeras obras sobre el periodo de post- Segunda Guerra Mundial en la sociedad estadounidense. Este filme tiene muchos elementos valiosos, partiendo por la forma en que retrata la readaptación de soldados después de la guerra. En aquella época el ejército estadounidense era visto como el libertador de Europa y del sudeste asiático, cuyos jóvenes soldados eran considerados como verdaderos héroes del mundo libre. Sin embargo, Wyler se atrevió a explorar en sus heridas físicas y, sobre todo, en sus traumas psicológicos.

A lo anterior se sumó cierta influencia del neorrealismo italiano, aquel movimiento fílmico que surgió en la abatida Italia en 1945 y que el realizador Vittorio De Sica popularizó con “El Ladrón de Bicicletas”. La crudeza, el realismo y las problemáticas de la vida diaria se pueden apreciar, en menor medida, en la historia de “Los mejores años de nuestra vida”. Wyler comprendió que el triunfo de su país también implicó muchas pérdidas, y que era el momento de sopesar y entender las secuelas del patriotismo.

A través de este filme, Wyler profundiza en las historias de tres ex combatientes: un capitán en cuyos sueños es acosado por traumas de la guerra, un sargento que vuelve más crítico y cansado de la ingenuidad de los civiles, y un marino que se debe enfrentar tanto a una discapacidad física como psicológica. Entre estos tres hombres crece la amistad en medio de un entorno que sienten ajeno y hóstil. Wyler demuestra su habilidad como director de actores por medio de una historia que habla de las mismas personas, pero también de hombres comunes que después de enfrentar eventos extraordinarios dejaron de ser quienes eran.
“Los mejores años de nuestra vida” es un símbolo sobre la destrucción y reconstrucción que experimentaron cientos de soldados junto a las familias que tuvieron que lidiar con dicho proceso. Lo anterior, siempre acompañado de agudos y acertados diálogos que se echan de menos en los dramas contemporáneos.

Wyler incluso va un poco más lejos al dirigir un filme que explora en temáticas que están al filo del conservadurismo de la época de Truman, y que bien podría ser un antecedente lejano de algunas obras antibélicas de los 70` (“Regreso a Casa” de Hal Ashby y “El Francotirador” de Michael Cimino). En todo caso, es importante precisar que “Los mejores años de nuestra vida” no es una película contra la guerra, sino un mensaje sobre la actitud discriminatoria de la sociedad civil, y que en ocasiones se manifiesta como un hábito difícil de cambiar.

“Los mejores años de nuestra vida” habla de aquellos momentos en donde más dolor experimentamos, pero también cuando más nos conocemos a nosotros mismos, ya sea por medio de nuestras vergüenzas, faltas, frustraciones y anhelos.

Este es un filme con muchos simbolismos (partiendo por aquella magnífica secuencia en el cementerio de aviones que evoca las pesadillas de uno de los protagonistas). Es verdad que es una película que privilegia un cierre bastante convencional, y quizá algo esperable, para todos sus protagonistas, pero es en su totalidad como obra donde adquiere su mayor valor e impacto fílmico. Wyler nos conduce por escenas de profundo dramatismo, a la vez que nos adentra en la épica personal de tres soldados que han vuelto a casa junto a la pesada mochila que suelen cargar los sobrevivientes de una guerra. Estamos ante un emblema del cine estadounidense que vale la pena ver y honrar, y que después de más de 60 años aún se mantiene vigente. ¡Imperdible para cualquier cinéfilo que se aprecie de tal!

Título original: “The Best Years of Our Lives” / Director: William Wyler / Intérpretes: Dana Andrews, Teresa Wright, Harold Rusell, Myrna Loy, Fredric March y Virginia Mayo / Año: 1946.

Wednesday, November 03, 2010

The Walking Dead

El estreno del primer capítulo de “The Walking Dead” podría significar un nuevo parámetro para la televisión por cable. Primero porque en horario prime debutó una serie de características apocalípticas en donde los zombies son los protagonistas. Lo anterior, era un tema impensado para los convencionalismos de la censura televisiva de hace un par de años, pero ahora es una “oportunidad” para profundizar en la psicología de sobrevivientes en situaciones extremas, como sucedió con “Lost”, y en temas relacionados al fin de la sociedad contemporánea.

El género zombie, hablamos de género porque a esta altura tiene códigos independientes del cine de terror, se masificó en la cultura occidental gracias a George A. Romero, quien con “La Noche de los Muertos Vivientes” utilizó a estos seres como metáforas y críticas hacia la Guerra Fría y la sociedad de consumo. Así, el director de “La Mitad Siniestra” construyó una saga de muertos vivientes que se ha transformado en referencia obligada para cualquier acercamiento a la cultura zombie.

¿Pero qué tienen los zombies que atraen a millones de espectadores en todo el mundo? Seguramente la sobrenaturalidad de estos seres, cuyo origen suele ser indeterminado. También están presentes otros factores, entre ellos, la pérdida de humanidad y moralidad tanto de vivos como de muertos. “The Walking Dead” contiene en su estructura todas estas características, además de una cuidadosa puesta en escena. El nivel de realismo de la serie demostró una gran calidad que se pudo apreciar en la desolación de pueblos y ciudades.

El protagonista de “The Walking Dead” -el inglés Andrew Lincoln- encarna al policía Rick Grimes, quien despierta desconcertado en un mundo ajeno, sin reglas y con pocos humanos. Grimes representa la última señal de orden y de justicia en un mundo en donde la meta es sobrevivir a cualquier precio. Seguramente, el rol de líder de Grimes se va a fortalecer en futuros capítulos mediante la incorporación de nuevos secundarios.

Otra de las cualidades de la serie es su espíritu cinematográfico gracias a la mano del director Frank Darabont (“Sueños de Fuga”, “The Mist”), quien la produce (también dirigió el piloto). El debut de “The Walking Dead” se tomó su tiempo para el suspenso y, sobre todo, para los silencios en que Grimes descubre esta nueva realidad (destacable la escena del hospital). También hubo momentos de extrema crudeza que demuestran un proceso de maduración en la televisión por cable, cuya raíz se puede encontrar en Los Sopranos y en Millennium de Chris Carter.

“The Walking Dead” es una apuesta que comenzó demasiado bien y que ha generado muchas expectativas al provenir de un exitoso comic. Estamos ante una obra que no esconde su ambición y carisma, y que demostrará, como antes lo hizo “In Treatmen” y “Damages”, que la televisión por cable hace mucho tiempo que superó al cine en contenidos y en forma. ¡Imperdible!

Título: The Walking Dead / Intérpretes: Andrew Lincoln, Jon Bernthal, Laurie Holden y Michael Rooker / Creador: Frank Darabont / Basado en el comic escrito por Robert Kirkman y dibujado por Tony Moore.